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21 de agosto de 1975

Por Mónica Jatar

Esta Universidad, nuestra Universidad tiene historia. Una historia que quizás ignores y que hoy me gustaría contarte, por lo menos la parte que a mí, como estudiante, me tocó vivir.

No encontrarás en este relato una pieza literaria ni un artículo con formato predeterminado, fue escrito con dolor y pasión. Dolor por los que dejaron su vida en la lucha y pasión por los ideales que ellos nos legaron  y que, los que sobrevivimos, tenemos el compromiso de llevarlos como bandera a la victoria.

Este relato habla de personas comunes, como vos y yo que lucharon por defender la universidad nacional y popular que hoy, todos disfrutamos.

Comencé el curso de ingreso allá por febrero de 1974, cuando nuestra UNLZ recién cumplía su año y medio de vida, por lo tanto su población estudiantil era escasa, tampoco tenía edificio propio pero ya se podía sentir en ella una fuerte impronta democrática, nacional y popular, que se fue acentuando con la asunción de Julio Raffo como rector.

A nivel nacional, luego de la muerte del Gral. Perón, el lopezrreguismo fue “conquistando” espacios políticos por medio de intervenciones en diferentes provincias, ministerios, municipios…la universidad no fue la excepción, comenzaron por la UBA, luego siguieron por las demás,  en orden de importancia. Como Lomas aún  era incipiente, nos dieron tiempo para organizar la resistencia.

Por aquellos años, las agrupaciones que conformaban el arco político dentro de nuestra universidad eran: el Partido Comunista, el Partido Socialista de los Trabajadores y la J.U.P (Juventud Universitaria Peronista) que conducía el centro de estudiantes de Periodismo, de Agronomía y el de Administración de Empresas (las tres facultades que constituían la UNLZ) y, por ende, la Federación Universitaria.

La J.U.P. era una de las agrupaciones de base que actuaba bajo el paraguas de la organización político-militar Montoneros y conducía, a su vez, a un nutrido grupo de estudiantes que integraba la agrupación Azul y Blanca.

Como les venía contando, la “recepción” al interventor estaba preparada: la conducción del centro de estudiantes había encargado a su cuerpo de delegados la confección de una cadena telefónica de cada una de las comisiones para asegurar la coordinación de las acciones planificadas.

Una noche, a mediados de 1975, nos llegó la esperada e infausta noticia: habían separado de sus funciones (por medio de grupos armados) a nuestro rector reemplazándolo por un interventor: el Dr. Vitar.

Inmediatamente la JUP convocó a todo el estudiantado a una asamblea general que resolvió, por amplia mayoría, seguir concurriendo a clases desconociendo a las nuevas autoridades.[1]

Allí comenzó la resistencia…

Como primera medida y para asegurar el normal desenvolvimiento de las clases, se nombró un gobierno paralelo conformado por estudiantes y docentes.

Seguidamente se formaron comisiones integradas por militantes de la JUP y de la  Azul y Blanca cuyo propósito sería difundir/denunciar dentro de la comunidad de Lomas de Zamora y, si era posible, a todo el país, la irregularidad/ilegalidad de la intervención.

Las clases continuaron dictándose con aquellos profesores que adherían al proyecto nacional y popular. Sus contenidos se basaban fundamentalmente en el esclarecimiento de la situación, en la discusión de propuestas para el plan de lucha y en recalcar la profundización del compromiso de todos y cada uno de los estudiantes en defensa de este modelo de universidad que se venía sosteniendo en un país donde se enseñoreaba la violencia ejercida por la derecha peronista que ya registraba numerosas detenciones y muertes de militantes populares.

De esta manera, la comunidad universitaria se mantendría unida y organizada.

Para ilustrar y destacar el compromiso de estos profesores, permítaseme una digresión: recuerdo que la cátedra de Periodismo I, a cargo del Lic. Claudio Aguirre[2] dictaba clases de propaganda revolucionaria. Nos enseñaba a diseñar volantes, su forma de distribución más segura y efectiva; dnde y cómo realizar pintadas, etc. Teniendo en cuenta la precariedad de las condiciones en que ese compañero estaba en nuestro país, no podemos ignorar el alto compromiso demostrado al concurrir a dictar clases paralelas a una universidad en resistencia.

El trabajo de las comisiones de difusión fue arduo y fructífero.

Una de ellas se dedicaba a entrevistar a dirigentes de diferentes niveles  y extracciones políticas, tratando de que se expidieran sobre la ilegalidad de la intervención. Esas declaraciones eran luego publicadas por diarios locales y nacionales. Por ejemplo, Clarín, en su sección “Universidad” ha publicado varios comunicados de prensa haciendo alusión a dichas opiniones. ¿Curioso, no?

Otra de las comisiones se ocupaba de la propaganda callejera:  pegatinas de afiches (en muchas de las cuales colaboró el mismísimo rector destituido), volanteadas, pintadas, etc.

Con mucho sacrificio y donando parte de nuestro sueldo, recaudábamos dinero para publicar solicitadas en los diarios de mayor tirada.

Otra de las comisiones accionaba sobre las fuerzas vivas de la comunidad informando la intención manifiesta de cerrar nuestra universidad frustrando así el proyecto de ciudad universitaria (ya gestionado ante las autoridades) con el consiguiente perjuicio  de los lomenses.

Todas las noches, luego de clases, se realizaban asambleas donde cada comisión rendía cuentas al conjunto del estudiantado sobre los resultados de su gestión.

Este plan de lucha culminaría con una conferencia de prensa en  nuestra sede donde ya habían comprometido su presencia varias personalidades de la política nacional como el profesor Alfredo Bravo y el Dr. Oscar Alende, entre otros.

Ese día, la intervención, ordenó a la Bonaerense acordonar el predio de la escuela Normal a fin de impedirnos el paso y decidió el cierre temporal de la Universidad.  La conferencia se frustró, pero no nuestra lucha.

Con la sede cerrada, decidimos convocar a todos los estudiantes a tomar clases en la calle, a fin de seguir difundiendo las injusticias que se cometían contra la comunidad universitaria. Dichas clases se realizaban en hora pico en la esquina de H. Yrigoyen y Laprida (en esos momentos no era peatonal), justo frente al diario La Unión que, inevitablemente, tenía que publicar la noticia.

Semanas después, el Dr. Vitar dispuso la reapertura de la UNLZ  bajo el lema “divide y reinarás”: la Facultad de Periodismo fue trasladada al Colegio Nacional de Banfield, la de Agronomía, a un colegio industrial de Lanús y la de Administración de Empresas, continuaría funcionando en la escuela Normal.

Debido a las persecuciones y amenazas de que éramos objeto y a la represión legal e ilegal que las fuerzas de seguridad y los grupos parapoliciales venían desarrollando en todo el país, la concurrencia de estudiantes se vio seriamente afectada (de 300 estudiantes que cursábamos en Periodismo, sólo quedamos 60 aproximadamente). Las otras dos agrupaciones políticas habían defeccionado y sólo la JUP (que hasta el momento había conducido la resistencia)  quedaba ejerciendo la representación estudiantil.

Se impulsaban debates en todas las comisiones, seguíamos volanteando y presentando petitorios a las autoridades exigiendo el gobierno tripartito que contemplaba la ley.

La facultad estaba plagada de guardias que exhibían sus armas con total impunidad. Aun en esta situación tan precaria, la resistencia continuaba…

Nuestra lucha tuvo repercusión nacional: centros de estudiantes de varias facultades a lo largo y ancho del país, nos hacían llegar sus felicitaciones por medio de solicitadas en los diarios de mayor tirada.

A esta altura de los acontecimientos, el costo político sufrido por la intervención era creciente. El Dr.Vitar, junto a su Secretario Académico, el profesor Pesado Palmieri, decidieron cortar de raíz “el problema”.

La noche del 21 al 22 de agosto solicitaron a la Seccional Avellaneda de la Policía Federal la detención de todos los integrantes del centro de estudiantes. Fuimos detenidos  y procesados Adriana Brunachi, Carmen Castigliego, Adrián Lanfrit, Horacio Mitidieri, Carlos Faleroni, Mónica Sarramea, Valentín Mastrángelo y yo.

Esa noche lograron “zafar” por no encontrarse en sus domicilios: Roberto Norando, Javier Fernández, Julio Molina y Cristina Bienposto.

Adriana, Cármen, Carlos y Horacio, fueron puestos en libertad en diciembre del mismo año. Tiempo después, Carlos debió exiliarse en España, Adriana, en Perú. Mónica, Valentín y Adrián estuvieron detenidos hasta el año 1982, continúan viviendo en nuestro país luchando por el proyecto nacional y popular. Julio y Cristina siguieron militando en la Organización Montoneros, hasta el día de hoy, continúan desaparecidos. Yo fui liberada en enero de 1979.

Esta experiencia te cambia radicalmente la vida. Quizás, en otro momento, te cuente resto de la historia…

Ahora que sabés algo más de nuestra universidad, ahora que sabés que para que vos hoy estés cursando algunos entregaron sus vidas, otros perdimos la libertad, espero que dejes de verla como un simple tránsito hacia un título, que la sientas un poco tuya, que te identifiques con ella. Porque estoy convencida de que no hay identidad sin historia…


[1]  Las tres facultades dictaban sus clases en horario nocturno en la sede de la escuela Normal de Banfield, mientras que las oficinas del rectorado funcionaban en el primer piso de un local situado en la Av. H. Yrigoyen casi esquina Castelli. Previendo la segura intervención , nuestra agrupación contaba con las llaves del edificio

[2] El profesor Claudio Aguirre había pertenecido al Ministerio de Comunicaciones en la presidencia de Salvador Allende en Chile, se fugó del país luego del golpe militar de Pinochet y, debido a las continuas amenazas y persecuciones de que era objeto en nuestro país, vivía dentro de una agencia de noticias extranjera. Su ayudante de cátedra, aun continúa desaparecido.

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