Investigación

Del fin de la proscripción al terrorismo de Estado

 Investigación y producción periodística: Secretaría de Comunicación Institucional de la UNLZ

El frente del rectorado de la Universidad bañado por la sangre de un estudiante masacrado de ocho balazos, y las paredes y la puerta marcadas por el impacto de las balas constituyen el preludio de un período oscuro y violento, no sólo para la precoz vida universitaria lomense, sino para la Patria toda.

El final de la proscripción peronista y la impactante victoria del FREJULI –con la fórmula Perón –Perón- por más del 60 por ciento, devolvieron la democracia plena al país. En ese marco la militancia universitaria vivía su primavera más efervescente.

El 14 de febrero de 1974, el ministro de Cultura y Educación de la Nación, Jorge Taiana[1] envió al Congreso Nacional el proyecto que, días más tarde, se convertiría en la Ley Universitaria (20.654). La norma reemplazó al Decreto Ley 17.245 que se había puesto en vigencia en abril de 1967, durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, y que, entre otras clausuras, impedía la militancia política dentro de las universidades.

Con la nueva ley, el Ejecutivo nacional designó rectores normalizadores para las universidades de todo el país en reemplazo de los interventores. En Lomas de Zamora tomaban fuerza las versiones sobre la elección de Osvaldo Máximo Bezzi en reemplazo de Pedro Bustos.

Al nuevo rector normalizador se lo vinculaba con el entonces senador nacional Alberto María Fonrouge, vecino de Lomas y fundador junto a Vicente Solano Lima del Partido Conservador Popular. Los estudiantes no demoraron en expresar su rechazo a la designación de Bezzi y tomaron pacíficamente el edificio del rectorado, ubicado en Hipólito Yrigoyen 8.308.

En un comunicado informaron que la ocupación era “para garantizar la designación del Dr. Pedro E. Bustos, actual interventor, como único medio de asegurar la continuidad de la política llevada a cabo en la Universidad a partir del mes de agosto de 1973”.

Por su parte, la Asociación del Personal No Docente de la UNLZ (APULZ), envió un telegrama al ministro Taiana donde el gremio reiteró “apoyo interventor Dr. Bustos” y solicitó “confirmación como rector normalizador”.

El sábado 30 de marzo, el ministro de Cultura y Educación de la Nación, Jorge Taiana pone en posesión de sus cargos a los rectores normalizadores de 16 universidades nacionales. Durante la jornada se informa que Bezzi “se vio imposibilitado de concurrir al acto”. La tensión en Lomas crece.

 

El asesinato de Hansen

 

Inquieto, carismático y transgresor; amante del arte y del buceo, apasionado por la música, la televisión y la literatura. Hugo Pedro Hansen era el hijo contestatario de una familia tradicional de Tandil, descendientes de dinamarqueses, que había echado raíces en el sur del Conurbano.

Luego de estudiar en el Colegio Manuel Belgrano de Temperley, Hugo rompió con la tradición familiar -el padre era agrimensor de la empresa constructora Christian & Nielsen, y su hermano mayor continuó con la herencia profesional- y decidió estudiar comunicación social en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. No pasaron muchos días de su ingreso para que también comenzara a militar en la Juventud Universitaria Peronista, donde lo hacían también la mayoría de sus amigos.

Hugo había participado de las tomas, asambleas y marchas en reclamo a la continuidad de Pedro Bustos al frente de la Universidad. Pero la noche del sábado 31 de marzo de 1974 aceptó cenar en la casa que su familia tenía en General Paz 479, Temperley y postergó por algunas horas su llegada a la sede del rectorado.

Jorge Hansen, hermano de Hugo recuerda aquella noche, que sería la última que vería con vida al estudiante de comunicación social. “Habíamos estado cenando en la casa de mis padres junto con un pastor dinamarqués amigo de la familia. Luego mi hermano se retiró temprano para ir a la Universidad”, rememora.

“Cada tanto iba un pastor a la casa de los Hansen, los padres tenían un fuerte compromiso con la iglesia disidente. Esa noche yo lo llamo a Hugo, me cuenta de la cena y le digo: ‘cuando termines venite a la facu que está tomada y vemos si podemos tomar un café o comer una pizza en Las tres carabelas’ que ya existía en esa época”, completa Eduardo Farré, uno de los mejores amigos de Hugo. Además, de ser compañeros de estudios, vivían a muy pocas casas de distancia y se conocían desde la infancia.

A pocos minutos de aquella comunicación, los estudiantes que habían ocupado el edificio del rectorado comenzaron a recibir llanadas telefónicas con mensajes amenazantes. “Desalojen la Universidad porque los vamos a cagar a tiros”, advertían voces anónimas.

“Adentro estaban muchas compañeras con sus hijos – cuenta Farré-. A mí en esa época nadie me conocía por mi nombre y creo que eso también me salvó la vida. Lo cierto es que un compañero de la JP me dice ‘Pollo, agarrá el micro – un rastrojero carrozado con muchos asientos –, llevate a las minas y a los pibes para el centro de Lomas y volvé”. Habían pasado algunos minutos de las 22.

Farré, uno de los primeros estudiantes que tuvo la Universidad, cumplió con el traslado, pero de regreso notó que el escenario había cambiado. El tramo de la Avenida Hipólito Yrigoyen que contenía al rectorado se encontraba sin luz. La noche cerrada se había adueñado de la escena y apenas las luces de algunos autos volvían intermitente la penumbra.

“Decidí esquivar Yirigoyen, pasé la toma, dejé el rastrojero estacionado en una de las calles perpendiculares, me bajé y comencé a caminar hacia el rectorado pero por la vereda de enfrente”, relata el estudiante que iba a ser testigo de uno de los episodios más traumáticos de su vida y más nefastos para la militancia universitaria lómense.

Caminaba lentamente amparado en la oscuridad de la avenida, cuando distinguió un auto que circulaba por el medio de Yrigoyen. Farré notó que un cuerpo se asomaba del lado del acompañante.

“Me dije ‘no cruzo a la Universidad ni en pedo’ y seguí caminando por la mano de enfrente sin cambiar de vereda. Cuando llego a mitad de cuadra, a la altura donde funcionaba un depósito de Nestlé, me lo cruzo a Hugo que recién había bajado del colectivo 318”, recuerda.

Los amigos cruzaron sus miradas desde las veredas separadas por la avenida, casi a la altura del rectorado. Cada vez más cerca, el auto continuaba avanzando hacia ellos. Eduardo le hizo un gesto de advertencia con la mano a Hugo con el objetivo que éste se alejara de la puerta del rectorado.

“No me dio para cruzar porque venía el auto. Él no me entendió o no me vio, pero siguió caminando. Se paró en la puerta del edificio y comenzó a tocar el timbre. Los tipos se bajaron del auto y comenzaron a disparar”, relata Farré y la angustia le invade el rostro.

Las crónicas de la época señalan que los asesinos se movilizaban en un Valiant IV color negro, que con el apoyo de un Chevrolet 400 taxi. Frenaron en la esquina de Yrigoyen y Juan José Paso. Luego de efectuar los disparos escaparon por Paso. Mientras Hugo Pedro Hansen agonizaba tendido sobre un charco de sangre que cubría toda la vereda. El joven fue trasladado por sus compañeros hasta el Policlínico de Lomas, ubicado a unos pocos metros del lugar del crimen, donde finalmente murió, pasada la medianoche.

Julio Raffo, que en ese entonces era secretario Académico de la Universidad, recuerda que fue Pedro Bustos quien le dio la trágica noticia. “Me encomiendan la más dura tarea que hice en mi vida: informarle a la familia”.

Se dirigieron hasta la casa de los Hansen. “No nos animamos a decirle que estaba muerto, le dijimos que hubo un atentado en la Universidad y que estaba muy grave”, recuerda Raffo.

El padre de Hugo no tardó en averiguar la trágica noticia. “Mi papá me vino a buscar a la madrugada y me dijo que mi hermano había tenido un accidente y había fallecido”, recuerda Jorge Hansen.

Se dirigieron a la morgue del cementerio de Avellaneda, pero Jorge no fue al reconocimiento. “El cana que esta me dijo ‘no entres, recordalo como era, no lo veas’. Imaginate que el asesinato fue bien traicionero, le pegaron ocho balazos por la espalda”, narra Jorge.

La crónica del diario La Unión de Lomas de Zamora aporta: “Numerosos impactos de bala muestran sus huellas en vidrios, paredes, puertas y árboles. Se encontraron tapones de cartuchos de escopeta y cápsulas servidas de calibre 22 corto, como así también numerosas esquirlas”.

Cuando el hecho se conoció los primeros que se hicieron presentes en el lugar fueron los concejales del FREJULI de Lomas de Zamora, César Dolinzky, Hugo Sandoval y Héctor Lencina; Ramón Morán, Pedro García y Rodolfo Basbeito de la Alianza Popular Revolucionaria, Julio Busteros, edil de Almirante Brown por el FREJULI; Oscar Alende del PI, y Jorge Todesca, delegado de la Regional 1 de la JP y José Pablo Ventura de la conducción nacional de la JUP, entre otros. Las voces de repudio y las acusaciones cruzadas tampoco tardaron en conocerse.

La Juventud Universitaria Peronista convocó a una conferencia de prensa en la que responsabilizó al senador Alberto Fonrouge de la muerte del estudiante. “Maximo Bezzi es hombre de Fonrouge y ha sido nombrado por él (…) estos hechos se deben a sectores de adentro y afuera del movimiento que intentan acumular poder dentro del aparato del Estado, que son los que instrumentan los ataques contra los militantes populares”, denunció Pablo Ventura.

Por su parte, Jorge Todesca cuestionó a Bezzi por su participación en la dictadura encabezada por Onganía. “Fue subsecretario de la fiscalía de la provincia de Buenos Aires durante la Gobernación de Imaz[2] y luego su asesor cuando éste fue nombrado ministro del Interior”, justificó.

Fonrouge, que el 1 de marzo de ese año había sido designado profesor de la cátedra de Derecho Público, también convocó a los periodistas en su despacho, donde negó “categóricamente la impostura” a la que calificó como “burda y siniestra maniobra”. “Buscan transformar todo esto en una cuestión política”.

El intendente de Lomas de Zamora, Pedro Pablo Turner repudió “el criminal atentado cometido contra el joven estudiante Hugo Hansen, así como por la negativa acción disociante de los grupos de ultraderecha y ultraizquierda empeñados en desintegrar todo intento de reconstrucción nacional”.

En tanto, los estudiantes decidieron mantener la toma del rectorado. “Luego del asesinato, se radicalizó la defensa armada de la Universidad”, asegura Julio Raffo.

Pese al pedido de sus compañeros, de hacerlo en el salón del rectorado de la UNLZ, Hansen fue velado en la casa de su familia en Temperley en un sepelio multitudinario. Sus restos fueron sepultados en el Cementerio de los Disidentes, ubicado sobre la calle Garibaldi, en Llavallol.

El kilómetro que separa la intersección de la calle Garibaldi y la Avenida Frías de la entrada al cementerio estaba colmado de personas que se habían acercado para dar el último adiós al estudiante. “Me acuerdo que tardamos un rato bastante largo en entrar. Amigos y vecinos había un montón, pero tengo grabada la imagen de los compañeros que habían conformado una doble fila que iba desde la entrada del cementerio hasta la tumba”, recuerda Jorge Hansen.

Luego del crimen, escritos, libros, fotos y cualquier registro de la militancia de Hugo fue quemado por su padre. “Mis viejos por el cagaso, no es que tiraron o escondieron, sino que prendieron fuego todo lo que tenía”, explica el hermano.

La noche del crimen Bustos y Raffo, luego de comunicar la noticia a la familia del militante, se entrevistaron con el ministro Taiana a quien fueron a visitar en su domicilio. “Nos recibió a la madrugada, le contamos lo que había sucedido y le advertimos que los estudiantes habían decidido en asamblea continuar con la toma”, cuenta.

Acordaron una reunión al día siguiente en el Ministerio de Educación y Cultura donde Taina les informó que Bezzi no asumiría como rector normalizador en Lomas. El camino de Raffo hacia el rectorado comenzaba a construirse.

 

Raffo, un triunfo elutado

 

Finalmente, el 4 de abril de 1974 el Ejecutivo nacional a través de un decreto firmado por el presidente Juan Domingo Perón en el que se acepta la renuncia de Osvaldo Máximo Bezzi y se designa en su lugar a Julio César Antonio Raffo, quien hasta ese momento se había desempeñado como secretario Académico en la gestión de Pedro Bustos.

Frente a un nombramiento que mostraba más continuidades que cambios, los estudiantes habían logrado su objetivo. “Fue una victoria con un sabor agridulce”, confiesa Fernando Aguinaga, compañero y amigo de Hugo. El acto de asunción se realizó el jueves 4 a las 21. La ceremonia fue presidida por el titular de la cartera educativa nacional y el jefe de Gabinete del ministerio, Ricardo Anzorena.

El 5 de abril Raffo nombró a Pedro Bustos como secretario Académico de la Universidad y a Carlos Álvarez como secretario Económico Financiero. Una semana más tarde, fueron designados los decanos normalizadores: Jorge Ader en Ciencias Económicas, Armando Sercovich en Ciencias Sociales, y Jorge Del Valle en Ingeniería y Ciencias Agrarias. Todos estaban al frente de sus respectivas unidades académicas en la etapa de la intervención y fueron ratificados en sus cargos.

La nueva gestión se enmarcó en un contexto de violencia política en todo el país y de enfrentamientos hacia adentro del peronismo. La Universidad no era ajena a estas disputas ideológicas. Las diferencias internas desembocaron en las prematuras renuncias de Bustos y Álvarez.

Fue un tiempo en el que militancia, política, violencia y muerte eran palabras instaladas en el acontecer diario. “Prácticamente todos los días debíamos sacar una resolución de duelo por la muerte de un compañero. Yo llevaba personalmente las coronas en nombre de la Universidad. Me movía solo y llevaba un revolver calibre 22 en la guantera”, recuerda el rector normalizador.

El 1 de julio de ese año fallece Juan Domingo Perón cuando aún no se había cumplido un año de su tercera presidencia. La Universidad tendió su manto de luto. Su esposa y vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón se hace cargo del gobierno. La figura del ministro de Bienestar Social, José López Rega, creció en la misma proporción que su influencia sobre la primera mandataria. En las sombras, el brazo de la Triple A se extendía amenazante sobre la militancia.

Los cambios en el gabinete nacional no tardan en llegar. El 14 de agosto Oscar Ivanissevich reemplaza a Taiana en el Ministerio de Cultura y Educación.

Frente a la renuncia de Taiana, los estudiantes de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora se declararon nuevamente en “estado de alerta” y convocaron a una movilización al ministerio en conjunto con sus pares de la UBA “para avalar la línea en la conducción universitaria”

En uno de sus primeros discursos, pronunciado el 10 de septiembre en la Sala del Teatro Colón con motivo del Día del Maestro, adelantó los objetivos de su gestión que sería recordada como la “Misión Ivanissevich”. “Vivimos hoy en un estado convulsivo revolucionario que es menester ordenar y darle una salida nacional para que sirva al pueblo que está desorientado”, comenzó su alocución. Luego de anunciar la desinversión en investigación universitaria “por el simple apotegma: primero vivir, después filosofar” y de citar a Nixon: “La Universidad equivoca el camino cuando emplea sus fondos para la investigación”; destacó que “el mayor factor destructivo no está en la Universidad ni en la investigación frustrada. Está en la acción disolvente de organizaciones que se empeñan en transformar a los jóvenes justicialistas en marxistas”. Y agregó en otro pasaje: “Los dineros destinados a educar al soberano no debería dedicarse a otras cosas y menos a estimular la indisciplina, el desorden y la subversión”.

La respuesta desde la UNLZ no se hizo esperar, en una carta pública dirigida a Ivanissevich, la comunidad universitaria se expresaba: “sorprendida y consternada su discurso del 10 del corriente”.

La misiva cita y cuestiona diferentes pasajes del discurso del entonces titular de la cartera educativa nacional. “Dijo Vuestra Excelencia que ‘hay una Ley Universitaria que no se cumple, no hay aún estatutos, sólo hay grupos políticos contrarios a la liberación’. Tal afirmación de parte de un ministro de la Nación debe ser avalada consistentemente a menos que implique la expresión de una mera opinión subjetiva”. En otro de los párrafos se repudia los dichos del ministro sobre el acceso a las universidades, quien había asegurado: “No aceptamos el ingreso irrestricto”. “La Universidad Nacional de Lomas de Zamora afirma, de acuerdo a lo establecido en las Pautas Programáticas del FREJULI, que debe ser ‘una universidad abierta, sin limitaciones fundadas en la condición socioeconómica de los estudiantes’. Este programa inspirado y ejecutado durante el gobierno del Tte. Gral. Perón no puede ser desconocido por las autoridades universitarias sin trai­cionar el mandato popular expresado en las urnas el 11 de marzo y el 23 de septiembre de 1973. Ello impone un compromiso que la Universidad Nacional de Lomas de Zamora asume en su plenitud”.

Con Ivanissevich se inicia un período de persecuciones a docentes, no docentes y alumnos; expulsiones, cesantías masivas. La represión y la muerte invaden los establecimientos universitarios.

“Yo tenía un Citroën. Cuando salía de la Universidad andaba seis o siete cuadras en contramano por las calles de Lomas para ver si alguien me seguía. Si entraba un coche en contramano atrás mío es que era para mí. Tampoco dormía en mi casa. Así vivíamos con la muerte encima”, cuenta Raffo.

En las primeras reuniones entre los rectores e Ivanissevich, el ministro ordenó la restricción del ingreso a las universidades. “(El director de Relaciones Universitarias, Julio) Lyonnet nos dice en una reunión que hay que lo del ingreso irrestricto era un disparate, había que limitarlo e imponer como criterio de selección las calificaciones obtenidas en la escuela secundaria”, recuerda el ex rector. La Universidad de Lomas se opuso. “El único rector que firmó en desacuerdo fui yo”.

A fines de noviembre de 1974 la UNLZ anuncia en los medios de comunicación el ingreso a sus carreras. El 20 de ese mes el Cronista Comercial publicó: “Según lo indica un comunicado de esa casa de altos estudios, ingresarán directamente todos los alumnos que hayan cursado el último año hayan cursado el último año de estudios secundarios en cualquiera de las especialidades de la enseñanza media”.

 

 

 

 

El enemigo adentro

 

La intransigencia ya tenía condena: El 20 de febrero de 1975 el Poder Ejecutivo Nacional dispuso la intervención de las Universidades Nacionales de Lomas de Zamora y del Sur. Luis Alberto Vitar es el hombre elegido por el gobierno para reemplazar el cargo de rector normalizador.

La Federación Universitaria de Lomas de Zamora, que nucleaba a representantes de los centros de estudiantes de las tres facultades y que tenía como máximo dirigente a Julio Molina, dio a conocer un comunicado en el que consideró la intervención “ilegal”. “Es indudable que la designación de Vitar en reemplazo de Raffo no responde ni a los objetivos de normalizar la Universidad ni de continuar con el proceso de reconstrucción universitaria”, expresa. El documento denuncia un castigo por pregonar un modelo de “universidad popular” contra el de “universidad elitista al servicio del imperialismo, que Invanissevich implementa”.

El 4 de marzo de 1975 Vitar asumió su cargo. A los pocos días, la Facultad de Ciencias Sociales se traslada al Colegio Nacional de Banfield (CONABA), en Larroque y Acevedo. En la Escuela Normal Antonio Mentruy sólo queda la Facultad de Ciencias Económicas.

A pesar de los intentos de disgregación, las asambleas se mantienen, aunque se trasladan al CONABA. No obstante, el control se incrementa: el 28 de abril se designan preceptores y se contrata un servicio de vigilancia para la Universidad.

“La intervención encuentra nos encuentra a los estudiantes organizados. Teníamos un delegado por curso y una comunicación muy fluida por el todavía bajo caudal de alumnos que tenía la Universidad”, explica Mónica Jatar, estudiante de Ciencias Sociales.

La organización de la militancia estudiantil tenía un actor que sobresalía: Julio Molina, militante de la JUP y presidente de la FULZ. “En una de las asambleas irrumpe una patota y me acuerdo que un tipo pelado le dice: ‘¿usted Molina es alumno regular?’ y después gritó: ‘Bueno, se me van todos de acá’. Ese día no hubo detenciones, fue un apriete”, recuerda Aguinaga. “En ese momento lo que hicimos fue rodear a Julio y lo sacamos del lugar”, completa Jatar. Y agrega: “Vitar tuvo un costo político altísimo por la intervención y por nuestra resistencia. Tanto que borró del mapa a todo el Centro de Estudiantes”.

El 25 de agosto de 1975, el jefe de la Delegación Avellaneda, comisario Pablo Portelli, envió una nota a Vitar en la que informaba: “llevo a su conocimiento que, a raíz de las denuncias efectuadas por las autoridades de esa casa de estudios, personal de esta dependencia procedió a la detención de las personas que a continuación se detallan”.

La notificación hace mención a: Mónica Jatar, Diana Carrera, Adrian Lanfrit, Adriana Brunachi, José María Torres, María Amalia Vallo, Horacio Mitiriedi, Valentín Mastrángelo, Marta Mastrángelo, Mónica Sarramea, Justa Leffe, Irene Nogueira, Genoveva Ares, Carmen Castiguiego, Jorge Rodríguez, Carlos Faranoli, Norberto Pastorino y Mirta Candia de Pastorino.

En la misiva se informa que “todos los nombrados con anterioridad integraban una cúmula de organización extremista ‘Montoneros’ la cual desplegaba su accionar dentro del cono suburbano de la zona sur, estando su epicentro en el centro de Lomas de Zamora”.

“A los mismo se les secuestro abundante material bibliográfico y panfletos de la organización mencionada incautándose además  propaganda perteneciente al ‘Ejército revolucionario del Pueblo’, ‘Partido Revolucionario de los Trabajadores’, ‘Fuerzas Armadas Revolucionarias’, ‘Partido Socialista de los Trabajadores’, ‘Partido Comunista’, ‘Federación Juvenil Comunista’ y ‘Partido Personalista Auténtico de Lomas de Zamora’ (…) Por el material secuestrado se desprende que dicha columna, por el accionar que desplegaba, está considerada de ‘máxima peligrosidad’, siendo en su mayoría de los integrantes de la misma, estudiantes de esa universidad (…) Con relación a las personas detenidas, las mismas son procesadas en esta dependencia, por infracción a la ‘Ley N° 20.840’[3], con intervención del Señor Juez Federal de de la Ciudad de La Plata, Dr. Carlos Luis Molteni, por ante la Secretaría del Dr. Luis Guerello”.

La nota hace referencia al operativo que el jueves 21 de agosto de 1975 arrancó a los estudiantes de sus casas. El interventor de la UNLZ había aportado los nombres y domicilios de los jóvenes que aquella noche fueron detenidos.

“A mi casa llegan fuerzas de civil –describe el inicio de su pesadilla, Jatar- Los tipos saltaron la pared del frente y comenzaron a golpear la puerta de la cocina. Yo vivía con mi hermana que les abrió. Le preguntaron si era Jatar y si estudiaba a lo que ella respondió afirmativamente porque estaba haciendo el profesorado de matemáticas. Yo desde la pieza escucho que le dicen: ‘nos tiene que acompañar’, entonces salí y les dije que me buscaban a mí”. Los captores no encontraron las armas que buscaban, tampoco información sobre el paradero de Julio Molina. Sólo se llevaron panfletos y a Mónica, a quien metieron dentro de uno de los tres Ford Falcon que estaban en la puerta y comenzaron a recorrer las calles de Temperley en busca de Molina.

“Yo escuchaba por la radio que eran todos allanamientos solicitados por Vitar”, cuenta la estudiante. Los Falcon se dirigieron hasta la comisaría de Avellaneda. “Me metieron en una sala con muchos estudiantes de Lomas. Había gente parada, sentada en el piso. Muchos eran adherentes que, si bien apoyaron la lucha, no eran militantes. Evidentemente la redada había sido grande con el propósito de seleccionar a unos cuantos para luego seleccionar”. A los detenidos les tomaron los datos y huellas personales. “Sabíamos que, por lo menos, estábamos legales”. Luego procedieron las liberaciones, donde quedaron aquellos que en el listado que Portelli envió a Vitar.

Mónica fue traslada a la cárcel de Olmos, donde estuvo hasta mediados de 1977 cuando el gobierno de facto a cargo del dictador Jorge Rafael Videla decide concentrar a todas las presas políticas la penitenciaría de Devoto donde estuvo hasta enero de 1979. Aquella noche Julio no fue detenido, pero la persecución continuó.

 

El terrorismo de Estado y la intervención

 

En la madrugada del 24 de marzo de 1976, las botas de los militares vuelven a pisotear la democracia argentina. Las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno de María Estela Martínez de Perón y una junta integrada por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti inaugura la más siniestra de las dictaduras que azotó a la patria e impulsa un plan económico devastador.

“(…) han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina”, denunciaría un año después Rodolfo Walsh en su Carta Abierta. “En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

El 29 de marzo en el marco del autodenominado Proceso de Reconstrucción Nacional –un eufemismo para nombrar un plan genocida- se sanciona y promulga la ley 21.276 “para la normalización de las universidades”. La norma no anula la ley anterior (20.654), aunque deroga total o parcialmente 32 de los 63 artículos.

Se establece que el gobierno de las universidades será ejercido por el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, que la designación de rectores y decanos dependerá de esa cartera. En el artículo 7 expresaba: “Queda prohibido, en el recinto de las Universidades, toda actividad que asuma formas de adoctrinamiento, propaganda proselitismo o agitación de carácter político o gremial, docente, estudiantil o no docente”. Mientras que en el 12 advertía: “Es incompatible con el ejercicio de la docencia universitaria o funciones académicas que les sean correlativas, todas aquellas actividades que se aparten del propósito y objetivos básicos fijados por el proceso de Reorganización Nacional”.

En la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, el 23 de abril, es nombrado como Delegado Militar el Capitán de fragata Máximo Rivero Kelly.

El 16 de junio, Rivero Kelly convocó a una reunión con las instituciones y fuerzas vivas de la región, todas intervenidas o silenciadas por la dictadura. El encuentro se realizó en el edificio de la Cruz Roja de Lomas de Zamora, ubicado en Sáenz 749. El objetivo: “Volver a contar con el apoyo de la comunidad de la cual (la universidad) se separó por razones ideológicas a partir del año 1973”.

 


[1] En Mayo de 1973, el presidente Héctor Cámpora designó a Jorge Alberto Taiana como ministro de Cultura y Educación de la Nación. El médico cirujano, ex rector de la UBA, fue ratificado en el cargo por Juan Domingo Perón y permaneció al frente de la cartera educativa hasta  agosto de 1974 cuando fue  reemplazado por Oscar Ivanissevich.

[2] Francisco Imaz fue gobernador de facto de la provincia de Buenos Aires entre 1966 y 1969, y luego ministro del Interior.

[3]La Ley 20.840 fue sancionada el 28 de septiembre de 1974 y penalizaba con tres a ocho años de prisión las “actividades subversivas en todas sus manifestaciones”.

 

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